Si observamos la naturaleza, notaremos los cambios que se producen en las diferentes estaciones. Veremos que en el otoño hay una gama de colores que va desde amarillos intensos en las hojas de los árboles, hasta la gama de los tierras. Esto nos da una paleta cálida.

En el verano la naturaleza nuevamente se modifica y nos brinda otra gama, de colores cálidos tales cómo los naranjas, rojos y lacres.

En la estación de invierno, la naturaleza también se transforma y aparece la gama de azules, verdes apagados y grises azulados o verdosos. Se constituye así la paleta de los fríos.

En la primavera vemos una policromía de colores que conviven juntos desde los colores cálidos como los naranjas y amarillo a los fríos como los violetas azules y verdes. Los vemos entremezclados pero armonizados.

Esta naturaleza policroma o monocroma nos obliga a definir la percepción y la valoración.

La percepción es la captación de todos los estímulos actuantes en un momento dado cuando estamos frente a una obra de arte. Tanto los colores cálidos cómo fríos son percibidos por nuestra mirada. Pero quizás los colores sean el foco de nuestro campo perceptual y no la composición plástica que momentáneamente pasa a segundo plano. En este preciso caso la captación se centra en el color. Asimismo, por supuesto, no es solo el color lo que percibimos. Existen otros estímulos como los exteriores a la obra: Ruidos, olores, otras personas y todo lo que es habitual en salas y galerías de arte.

La percepción de aquello que nos interesa será mayor cuanto mayor sea la concentración. Es una forma de conocimiento, es un proceso cognitivo, sostiene la psicología. Cada uno percibe según su sensibilidad y posibilidades sensoriales; según la subjetividad.

La valoración, es tener en cuenta la calidad de toda la obra: Composición, dibujo, línea, color, tono y especialmente la creatividad. Sin duda, la valoración incluye la percepción.

Desde el rol del espectador lo que se hace es percibir y queda para críticos de arte, la valoración que implica evaluar con criterios objetivos toda la obra.

No necesita ese espectador, de la palabra o de las explicaciones del autor, tal como ocurre en la música. Es posible disfrutar de la obra, aún sin entenderla. El nivel atencional de los espectadores, se puede apreciar hasta en la postura corporal. Cuando nos damos cuenta que alguien se inclina para apreciarla podríamos suponer que le interesa. Quizás… la obra ya lo atrapó.

He mencionado las existencias de los colores fríos e inmediatamente viene a mi mente el color azul, y con él, Picasso y su período azul. Este período será el tema del próximo artículo. Ante un hecho que generó mucha emoción en su juventud, Picasso comienza a investigar y representar esas emociones en sus cuadros con el color azul como predominante.

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